Llegan las Navidades y vuelve la chorrada esa del “amigo invisible”. Pues bien, el Betis, original siempre, tiene un “enemigo invisible“. Se oculta en las sombras. Está agazapado. Espera su momento. No tiene prisa. El tiempo es su aliado.
Se llama gol average. Ha dado su primer zarpazo. En Anoeta. Allí el Betis ha sido derrotado por 2-0. Se pierden cuatro puntos: los tres del partido y un cuarto si no se vence a los vascos por 3-0 en la vuelta.
Bético una vez, bético siempre. Mingo, Miguel Ángel y Josemari se empeñaron en ayudar a los viejos camaradas. Resultado: 3-0, un gol por cada ex bético. Mingo se autoexpulsó, Josemari falló los mismos goles de siempre y Miguel Ángel más valdría que acabara su tesis, esa que se titula “Arrancada de corcel inglés, parada de burra manchega”. El caso es que con enemigos así, no hace falta ni que el árbitro te ayude.
Además, el Betis está empeñado en subir. Aunque sea a base de emanazos, que el camerunés ha tardado en despertar pero la está liando parda. Recuerda a mi padre cuando le despertábamos de la siesta: no deja bicho en pie.
Y el Betis, tercero en vísperas de visitar Anoeta para jugar contra el líder, la Real Sociedad, partido que, como es tradición, la parroquia verdiblanca encara con muchísimo más optimismo que una visita a la cancha del colista.
Lo avancé en Twitter y lo repito ahora: el Betis es el pagafantas de Segunda División. Somos majetes, simpáticos, se nos aprecia, pero la Gloria, o la Victoria, se va siempre con el golfo de turno. Y nosotros pagando fantas. Y Emaná tirándolas al suelo.
Curioso que el Betis no gane en campo del colista (en Primera o en Segunda, tanto da), desde el año 97. Ya he dicho aquí que si con algo es respetuoso el Betis es con las tradiciones. Ser respetuoso con su afición es algo que ya le cuesta más.
Alguien dirá: el Betis ha ganado algo en alguna ocasión. Es verdad, pero es que las matemáticas siempre dan una probabilidad, por mínima que sea. Y el pagafantas (si no han visto la película, por favor, veánla) siempre encuentra una tonta que traga.
Sirva como consuelo que los de la tercera vía se averiaron en un apeadero (qué es el Valladolid, si no), con lo cual la matraca será fina. Porque ya van por detrás del Valencia, ese equipo donde hace poco marcó un gol hasta Albelda.
Perdió el equipo de mi pueblo en casa. 1 a 3 con el Einstein, que desarrolló un juego genial. (Apreciése la indigna ironía). No pasa nada. Un tropezón. He aquí la crónica.
El Betis sufre una extraña variante del cambio climático. Es decir, llega el frío y se calienta. Ha enganchado dos victorias consecutivas, agarrado al buen momento de Emaná (sí, han leído bien, Emaná), que ayer hizo dos goles. Los otros nos toca agradecérselos a Melli y al impenitente Sergio García. Bien, coño, bien. Esta vez los árbitros se equivocaron de nuevo, sólo que a favor del Betis, al anular un gol legal al minisubmarino. Otra prueba de que el clima ha cambiado.
Ya sólo falta que también se enfríe la temperatura de las gradas. Es la mejor manera de que el pulso del enfermo se acompase. Estamos en Segunda (perdón, en la Liga Adelante), pero estamos mejor que hace un mes.
Ahora toca ganar al Murcia en la Nueva Condomina. El Murcia es colista, es decir, un rival temible para el Betis, que suele pegarse los batacazos precisamente frente a los equipos que más sufren.
Victoria por la mínima. Victoria importante. Victoria qué coño. Si además se empalma con otra hoy, que jugamos el partido aplazado con el submarinito amarillo, pues estaremos a un puntito nada más de los puestos de ascenso. ¿Se habrá pasado el bachecito? ¿Volveremos a remontar? ¿Acertará el gobierno? ¿Se callará la oposición? ¿Dirá algo coherente alguna vez Belén Esteban? Todas estás incógnitas me tienen en un ay.
El partido dejó una nota positiva (aparte del resultado) y otra negativa. La positiva es la recuperación de Emaná, que por fin hizo un partido a la medida del jugador que intuimos que es. La negativa el plante de la afición. No me parece el momento de realizar gestos que no llevan a nada. Hay que apoyar. Que todo pasará por el ascenso.
“Eres más desgraciado que el postigo de San Rafael”. Es una expresión que le oigo a mi madre desde que era niño. Desconozco a qué se refiere la sentencia, pero es aplicable al Betis. O al menos al Betis que salió goleado del Martínez Valero (me gustaba más el nombre que tenía cuando yo era chico, Altabix).
Al Betis le pitaron dos penaltis (aunque le tiraron tres, porque el primero hubo que repetirlo) y le expulsaron a dos jugadores. Así, no puede ser, desde luego. Que no hay manera. Como el postigo de San Rafael.
En todas las temporadas se da la racha tonta, en la que no sale nada. Son cuatro o cinco partidos en los que la tostada siempre cae del lado de la mantequilla. Los equipos campeones suelen tenerla en esta fechas, noviembre, diciembre, todo lo más, en enero, porque es cuando todavía se puede fallar.
Obsérvese que he dicho, los equipos campeones. Con el juego, y, sobre todo, las intenciones mostradas por el Betis en el campo del Elche, ni equipo campeón, ni nada. Nada de ascenso y a empezar a mirar para abajo, hacia la zona de descenso, que está ahí, a la mano.
España vuelve al escenario del crimen, el estadio Ernst Happel de Viena, donde se ganó la Eurocopa y nació la leyenda de La Roja (apodo que le hemos birlado a la selección de Chile, por cierto). España ha dado un vuelco a su perdedora historia en tan sólo 16 meses. Éramos una selección que se volvía a casa en los cuartos de final, y ahora, mírennos, vamos a ser los próximos campeones del Mundo. Que hemos ganado el Mundial y todavía no ha empezado.
Hay euforia. Es normal. Tenemos los mejores centrocampistas del mundo. Tenemos derecho a la ilusión.
Pero ojo, que a veces parecemos el nuevo rico que se olvida del barrio pobre del que surgió. Hay que tener claro que en este mundo del fútbol siempre puede emboscarse un codazo de Tasotti, un error de Cardeñosa (bético tenía que ser, vaya por Dios), una ocasión de Salinas, un penalty de Eloy o de Joaquín (otro bético, qué jodienda)… Que el fútbol es muy perro. Pero que muy perro.